viernes, agosto 01, 2014

Juicio Feced II: "Los testimonios de los sobrevivientes fueron contundentes"


Por Tomás Labrador. Mientras en los Tribunales Federales de Rosario se desarrolla el tramo final del juicio oral y público Feced II, en el que son juzgados diez integrantes de la patota que actuó durante la última dictadura bajo las órdenes del entonces jefe de la policía provincial Agustín Feced, el Diario de los Juicios dialogó con los abogados de la querella e integrantes de la agrupación HIJOS Rosario, Nadia Schujman y Santiago Bereciartua. “Los sobrevivientes pudieron hablar de su militancia y de los sueños por los que lucharon”, destacaron a la hora de hacer un balance del proceso que se acerca a su desenlace.

—Cuando ya casi llegamos al final de otro de los juicios emblemáticos en la ciudad, indispensable para conocer la historia reciente de Rosario y de la represión sufrida por sus habitantes durante la dictadura, ¿cuáles son las reflexiones que pueden hacer como abogados querellantes?
—Nadia Schujman (NS): Siendo el juicio número 14 sobre delitos de lesa humanidad que se desarrolla en la provincia, uno siente que no arranca de cero, hay mucho camino allanado en cuanto a que el plan sistemático está probado y cómo se deben valorar los testimonios de los sobrevivientes, también. Ya está hecho en otros procesos, e incluso por estos mismos jueces en otras sentencias y hasta por la Corte Suprema. Se ha avanzado en el respeto a los sobrevivientes, familiares y querellantes –algo que en otros juicios reclamamos– y en cuanto a planteos que ya no se reeditan, no hay que contestar cosas como la prescripción de los crímenes de lesa humanidad, la cosa juzgada, todo lo que fueron “las chicanas de los defensores y los imputados” por mucho tiempo. Es un bloque de cuestiones que ya están zanjadas, hay una base y eso es importante.
—Santiago Bereciartua (SB): Es cierto, se valora todo lo realizado, toda la construcción colectiva de los querellantes, abogados y testigos. Esto hace que se eviten las cuestiones dilatorias y el juicio se centre sobre los hechos a juzgar.
—NS: Sí, aunque ahora parte de la estrategia de los defensores pasa por las condiciones de salud de los imputados, por ejemplo inventar incapacidades para no estar en el juicio –como sucedió con Olazagoitia– donde quedó muy claro a través de las pericias que estaba en perfectas condiciones para participar del mismo. Cuando no hay otra defensa posible recurren a esto, como pasó en Feced I con Díaz Bessone o en el juicio que se desarrolla en San Nicolás con Saint Amant, utilizan esta estrategia porque obviamente los acusados pueden tener algunos achaques porque gozaron de cuarenta años de impunidad y ahora son personas grandes. Pero en casi todos los casos están en condiciones y comprenden perfectamente lo que hicieron.
—Igualmente en este juicio son pocos los imputados que lo siguen desde la sala.
—NS: Claro, pero eso tiene que ver con un derecho que tiene cualquier imputado independientemente de su estado de salud.
—SB: Igualmente, aunque no están en la sala están presentes en el tribunal, alojados en una sala contigua, y tienen que ingresar cuando el tribunal así lo dispone por el desarrollo del juicio.
—¿Qué se puede decir de las declaraciones de los imputados, aportaron algo, algún nuevo dato de utilidad?
—NS: Datos nuevos no, considerando lo que para nosotros sería importante como que digan dónde están los compañeros desaparecidos o dónde enterraron a nuestros compañeros. Sí aportan en el sentido de que –aunque no tienen la valentía de asumir su responsabilidad concreta en los hechos– con lo que dicen queda muy en claro la convicción ideológica de lo que hicieron, cuál era el proyecto que ellos ayudaron a llevar adelante y que no tienen ningún tipo de arrepentimiento.
—SB: Y también que, a pesar del paso del tiempo, no han experimentado ningún cambio en su forma de pensar. Eso reafirma la importancia de los juicios para el futuro de nuestro país.
—Los represores siguen viendo como una anomalía el hecho de ser juzgados...
—NS: Totalmente, por eso me parece muy importante dejar en claro colectivamente la importancia de estas causas. Nosotros, como Hijos, siempre hemos querido darle una dimensión política colectiva a los juicios. Y en ese sentido, el testimonio de Marisa Crocetti, una de las sobrevivientes que declaró en el juicio, demostró porqué los sobrevivientes siguen declarando a pesar de que es algo tan doloroso y victimizante para ellos. Lo hacen no sólo por una cuestión de reparación individual, que cuando han pasado tantos años desde los hechos a veces llega y a veces no, sino porque se trata de hacer un aporte a nuestro país y a las generaciones venideras, porque los delitos que se están juzgando son las aberraciones más grandes. Se pasaron todos los límites y se cometieron crímenes inimaginables. Entonces, como sociedad, nosotros tenemos que hacernos cargo; y el poder judicial, desde el lugar simbólico que tiene, debe decir que esos límites no se pueden pasar y que si se hace tiene una consecuencia
—Ya que hablamos de los sobrevivientes, muchos de ellos han vuelto a dar una demostración de compromiso y valentía al dar testimonio otra vez, algo que vienen haciéndolo desde el juicio a las juntas en la década del 80.
—NS: La riqueza del testimonio de los sobrevivientes nos ha permitido discutir nuestra historia reciente, no sólo contar el horror de lo sucedido. Los compañeros en esta etapa han encontrado el marco necesario para ser escuchados, ya que como sociedad hemos madurado. Cuando declararon por primera vez, en la década del 80, no estábamos preparados para escuchar todo ese horror y ellos no podían relatar todo lo vivido y padecido sin poder hablar de su militancia, de la alegría, de las redes que tejían, de los sueños por los que lucharon y de cómo siguieron sus vidas después de pasar por un centro clandestino de detención. Todo eso nos sirve también para reconstruir nuestra historia y pensamos que es otro de los importantes aportes que hacen los juicios.
—SB: Emociona mucho escuchar a los sobrevivientes relatar que pudieron salir con vida de esos lugares gracias a la ayuda y al compañerismo, que a pesar de las situaciones en que estaban pudieron apoyarse y tener una palabra de aliento en los peores momentos que les tocaron vivir.
—Durante los juicios, ¿se llegó a tener una idea de la dimensión del aparato represivo integrado por la policía de la provincia de Santa Fe?
—NS: Calculamos que la patota de Feced estaba integrada por entre 40 ó 50 personas elegidas específicamente y uno por uno por él mismo. También es muy doloroso asumir que son seres humanos que después de secuestrar y torturar durante horas a los detenidos se iban a buscar a sus hijos a la escuela como cualquiera. Esto, aunque es terrible es la realidad. Para eso fueron entrenados y sus cabezas fueron aceptando un montón de cosas. En el caso de Feced, no cualquiera integraba la patota. De las dos mil personas que formaban la policía, si bien todos cumplían con el rol de integrar el aparato represivo de la época y muchas veces eran utilizados como herramientas por la patota, quienes la conformaban habían sido seleccionados específicamente para eso. El Servicio de Informaciones venía haciendo un trabajo previo al golpe y dependía del Segundo Cuerpo del Ejército. Integraba lo que se conoce como la “Comunidad Informativa”, junto con la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, el Ejército y todos las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales. Tenían reuniones periódicas donde cruzaban datos y se remitían informes a todas las fuerzas. En el SI, todos los partes se hacían por triplicado: uno se enviaba a la jefatura en Santa Fe, otro al Segundo Cuerpo y otro quedaba ahí.
—A partir de los juicios, fue aflorando información sobre la tarea de las fuerzas de seguridad dedicadas a reprimir a las organizaciones de trabajadores, a los estudiantes y a las organizaciones políticas...
—NS: Sí, hay muchísima documentación. Concretamente en la causa Feced hay un documento muy valioso que se conoce como “El informe Sotera”, que fue aportado por Salman –un personal civil de inteligencia de la ciudad de Las Rosas– a la CONADEP en 1984. Informe que Lofiego tenía pegado en su oficina y mostró a muchos sobrevivientes. En ese informe está toda la estructura de la organización Montoneros y al lado de cada nombre, o apodo, estaba puesta su situación, es decir, si estaba prófugo, detenido o había sido asesinado. El archivo de la policía ahora integra el Archivo provincial de la Memoria y todos esos documentos dan cuenta de la persecución gremial, estudiantil y de todas la organizaciones políticas que fueron prohibidas por ley de la dictadura. En la causa Feced hay un número enorme de víctimas que fueron parte de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y muchos querellantes que representamos fueron secuestrados cuando tenían apenas 15, 16 ó 17 años.
—¿Cuándo se espera que lleguen las sentencias?
—SB: Esperamos que sea a fines de agosto. Después de nuestro alegato final faltará el alegato de la defensa, las dúplicas y réplicas –si se producen–, las palabras finales y la sentencia. Mientras que los argumentos pueden llegar hasta 40 días después de la sentencia.
—¿Ustedes consideran que han sido plenamente probadas las acusaciones y que los imputados serán condenados?
—SB: Sí. Declaró una gran cantidad de testigos y creemos que mediante su testimonio, sumado a la prueba documental y los registros, se ha llegado plenamente a la verdad y todos los acusados en este juicio deben ser condenados.
—¿Cuál es la condena que les corresponde a los imputados?
—NS: En cuanto a la valuación de la prueba, nosotros siempre nos hacemos la misma pregunta: Si no es para estos delitos aberrantes, ¿para qué delitos se reserva el código penal la máxima pena posible?. Creo que no puede haber crímenes más terribles que los narrados en este juicio y –aunque vengo escuchando testimonios de sobrevivientes desde hace más de 10 años– nunca dejo de conmoverme y sorprenderme con los detalles de lo inenarrable del horror. Los límites de la crueldad están corridos incluso en cuestiones que no tienen que ver solamente con la tortura en sí. Cuestiones que marcaron a los compañeros en su subjetividad más profunda, como que te tabiquen con las sábanas de tu bebé o saber que tu compañero desapareció para siempre por el recuento de los jarritos de ese día. Detalles que producen huellas para siempre, como que torturen a un chiquito de 3 años para que su abuela diga donde están su hijo y su nuera.
—SB: Está probado que todos participaban de los operativos y comparten la misma responsabilidad en todos los casos.
—NS: No hay excusa posible. Estaban ahí porque querían, por elección, con un convencimiento que –justamente en las declaraciones que dieron en el juicio– confirma la convicción ideológica que tenían en ese proyecto. Y si ahora tienen algún enojo es porque se sienten usados y consideran que sólo están siendo juzgados ellos pero no todos los que participaron. Y en eso, lamentablemente, vamos a estar de acuerdo. No son los únicos que tienen que ser juzgados y hay muchos otros. Aunque también estamos avanzando con causas como la de Acindar o la de Mercedes Benz, la condena al ex juez Brusa, el juicio a los ex jueces en Mendoza, la causa Papel Prensa que hacen que a pesar de las dificultades se pueda avanzar en el juzgamiento de esos otros –en muchos casos civiles– que fueron ideólogos e instigadores de ese proyecto político.
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