martes, agosto 28, 2012

El juicio por la Masacre de calle Juan B. Justo continuó con más declaraciones


Por Martín Stoianovich. La causa judicial que sobre el ataque perpetuado por las fuerzas conjuntas del Terrorismo de Estado en lo que se conoce como la Masacre de calle Juan B. Justo, cerró otro capítulo cuando el martes 28 de agosto se realizó una nueva audiencia que toma testimonios a distintos testigos. En esta oportunidad declararon cuatro personas, ante la mirada de dos de los imputados, Jorge Muñoz y Antonio Federico Bossie. Manuel Fernando Saint Amant se ausentó una vez más, y permaneció en una sala contigua.

José Benjamín Ricciardi fue Suboficial Principal de la Comisaría de San Nicolás, que hoy en día se identifica como la Comisaría Primera. “Yo realizaba tareas de índole administrativas”, se defendió el testigo cuando fue cuestionado acerca de su labor en los tiempos de la dictadura. Tuvo que esperar una nueva pregunta para admitir que cuando faltaba personal lo mandaban a hacer “servicios de calle”.
Ricciardi también fue encargado de la custodia del Hospital San Felipe cuando el bebé sobreviviente, Manuel Gonçalves Granada, estuvo internado allí. “Me comentaron que había habido un enfrentamiento con las fuerzas del ejército en una casa de la calle Juan B. Justo”, sostuvo para dar fundamento a sus conocimientos poco certeros sobre el hecho.
¿Pero por qué un niño de cinco meses necesitaba custodia de oficiales armados? “No podía tener contacto con personas ajenas al lugar”, explicó Ricciardi. No pudo ocultar que él y su familia se hayan encariñado con el bebé. “En la Nochebuena del 76 acompañamos al bebé en el Hospital San Felipe”, contó el ex policía.
Por otro lado tuvo que negar la información que el Diario El Norte difundió en octubre de 1985. En aquella edición decía que Ricciardi recogió al bebé en su propia casa, el día de la masacre. “Yo no intervine en el procedimiento, al bebé lo conocí y tuve contacto con él en el Hospital”, señaló dando lugar a una nueva duda. Tampoco supo confirmar quién había ordenado la custodia. Hay una gran diferencia entre que lo haya hecho el Juez de menores de aquel entonces, o el coronel Manuel Fernando Saint Amant. La falta de certezas ante este tipo de cuestiones ya es habitual.
Luego fue el turno de Enrique Martínez, quien en su momento fue médico del batallón de San Nicolás. Fue interrogado acerca de la salud de Saint Amant en aquellos días, y explicó que por éste ser el jefe del Batallón, él como médico no podía poseer su legajo. “No recuerdo que Saint Amant se haya internado por sus problemas de asma, a mí nunca me comunicó una internación, yo no era su médico de cabecera”, declaró en su fugaz paso por el estrado.
Una vez terminado el receso del mediodía, quien se sentó frente a la presidencia a prestar declaraciones fue Haroldo Zuelgaray. Desde el 2001 es el director de Diario El Norte, y debido a que en el año de la masacre ni siquiera vivía en San Nicolás, no tuvo demasiado para brindar en su intervención.
Recordó que El Norte fue uno de los primeros diarios en sufrir un atentado, haciendo referencia al asesinato del periodista José Domingo Colombo. “Yo tenía mucha relación con él y su mujer. Era un gran tipo, tenía su forma de pensar, pero llevaba a cabo correctamente su función de periodista”, agregó. Además confesó no tener en claro si su padre, director del diario durante los hechos, sufrió o no presiones a la hora de escribirse la nota referida a la masacre.
Finalmente, y luego de que durante la mañana un grupo de médicos evaluara si estaba o no en condiciones físicas de declarar, Carlos Pellicciotta fue el último testigo del día. En 1964 se convirtió en médico de la Policía de la provincia de Buenos Aires, hasta que el mismo Jorge Muñoz fue a pedirle colaboración como médico de la Policía Federal.
En 1976 trabajaba en la Comisaría Primera de San Nicolás, y recuerda que el día de la masacre se comunicaron con él cerca de las diez de la mañana, una vez que ya había ocurrido el ataque. Contó que al dirigirse al Hospital San Felipe se encontró en la morgue con todas las fuerzas policiales. Pelliciotta detalló que allí se hallaban los cadáveres de las víctimas, algunos de ellos con heridas de armas de repetición como lo puede ser una ametralladora.
Los abogados defensores de los imputados buscaron, mediante insistentes preguntas inapropiadas para la estructura de un interrogatorio, que Pellicciotta mencionara la posibilidad de suicidio de una de las víctimas. Un informe dado años anteriores dice que una de los cadáveres tiene un disparo en la sien a muy corta distancia. Esto, para algunos es indicio de suicidio, como si en aquellos años la costumbre de fusilar no hubiera existido.

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