martes, marzo 01, 2011

Juicio Díaz Bessone: Entrevista a Eric Domergue

Por Juane Basso. Yves Domergue (francés) y Cristina Cialceta (mexicana) fueron dos militantes del PRT secuestrados durante la dictadura en septiembre de 1976. Sus familias los buscaron durante 34 años hasta que fueron identificados este año en una tumba NN en un cementerio del sur santafesino. Eric, el hermano de Yves, declaró este martes en el juicio en que se juzga a una parte de la patota que actuó durante la dictadura en el Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario, pero meses atrás, ya había contado su historia a el Diario del Juicio.


Entrevista directa

Yves Domergue y Cristina Cialceta Marúl militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) cuando fueron secuestrados el 20 de septiembre de 1976 en la ciudad de Rosario. De origen francés él y mexicano ella, sus destinos fueron una incógnita hasta hace unas pocas semanas, momento en que las muestras de ADN del banco genético del Equipo Argentino de Antropología Forense determinaron que los restos de los dos cuerpos hallados en una tumba NN, ubicada en el cementerio de Melincué, eran los suyos. Una larga cadena solidaria construyó la investigación que cerró el círculo de más de 34 años de ausencias: un juez que se animó a indagar durante el terrorismo de Estado, un empleado judicial que se negó a quemar el expediente, una mujer que llevó flores sistemáticamente a la tumba sin nombres, una docente que despertó en sus alumnos secundarios la curiosidad por el caso, los adolescentes que avanzaron varios metros más con las historia, el Estado que recogió las inquietudes de los chicos y una familia que jamás dejó de buscar la verdad y reclamar justicia. Eric Domergue, hermano de Yves, aceptó contar en una extensa entrevista esa larga historia de desapariciones y encuentros.

—¿Cómo comienza esta historia primero de desaparición y luego de encuentros?
—Desde que secuestraron a mi hermano y Cristina para nosotros no hubo ningún tipo de pista ni de indicio de dónde pudieron haber estado. Para nuestra familia a Yves literalmente se lo había tragado la tierra. No teníamos testigos del secuestro ni de los sobrevivientes de los campos de concentración. La esperanza de encontrarlos era nula. Pero pasó el tiempo hasta que en mayo de este año los antropólogos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) me informaron oficialmente que los encontraron e identificaron.
Pero detrás de todo esto hay una historia maravillosa que, podemos decir, se corona con esta victoria. Porque en Melincué, donde finalmente estaban enterrados como NN desde septiembre del 76, toda la población estaba movilizada desde hace tiempo, porque tenían a dos jóvenes que les habían tirado hace mucho tiempo baleados y había una gran necesidad en la población y la región de descubrir de quiénes se trataba, querían buscar a las familias y restituirles la identidad.
Y en esto intervino una gran cantidad de personas; desde los enterradores que fueron transmitiendo de generación en generación dónde estaba el emplazamiento de las tumbas –porque por más que estaban dentro del cementerio de Melincué, no había ninguna referencia concreta del lugar-; después un abogado que en el 2000 reactivó un poco la causa; un empleado de los tribunales de Melincué, que cuando el expediente tenía que ser destruido lo salvó, porque dijo. “no, seguramente este expediente que tiene elementos que llevarían a la conclusión de que estos cuerpos no sufrieron un homicidio simple, conviene que los guardemos”. Sin este expediente no hubiéramos llegado nunca a reencontrar los cuerpos. Y finalmente la escuela Pablo Pizzurno de Melincué, donde una profesora, Juliana Cagrandis, les plantea a sus alumnos de quinto año que hagan un trabajo sobre la memoria para ser presentado a Abuelas y a otros organismos de derechos humanos, y qué mejor que interesarse por estos dos jóvenes que, te recuerdo, tenían ella 20 y él 22 cuando los matan, que ya eran patrimonio de la región, sobre los que todos querían saber quiénes eran, qué suerte habían corrido, si sus familias los buscaban. Y ese trabajito sencillo, bien escolar, que recopila los datos que había en el expediente elaborado por el juez de la época, de la hija de la persona que los encontró en la localidad de Carreras, Beti Buitrón; este trabajo es la punta del hilo de la que se empieza a tirar.
Ese informe lo presentan a algunos organismos hasta que en 2008 llegan a la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe, donde empiezan a cotejar la información de este informe con las denuncias existentes con las que podía llegar coincidir. Fue así como en noviembre de ese año tocan a mi puerta y empezamos a construir juntos la última etapa de este hallazgo.

—Yves, vos y tu familia son de origen francés, aunque tu acento es bastante argentino. ¿Cuál es la historia familiar que los trajo a este país?
—Mi acento argentino se debe a que llevo más de cincuenta años viviendo en el país. Mi padre fue enviado por una empresa francesa a Buenos Aires en 1959 y ya tenía tres hijos: el mayor, Yves; después vengo yo y mi hermana, la única mujer de nueve hijos. Mis padres se quedaron quince años, se volvieron en el año 1974. Pero tanto mi hermano como yo decidimos quedarnos, ya habíamos elegido esta tierra para proyectos de vida. Mi hermano especialmente para un proyecto político. Así que fue una típica familia de inmigrantes de clase media, sin problemas, que vivió permanentemente a caballo de las dos culturas. Hablábamos francés en familia, íbamos al colegio francés. Pero viajábamos permanentemente, recorrimos todo el país, establecimos mucho contacto con los argentinos y eso fue lo que absorbimos bien, sobre todo mi hermano, que fue lo que lo llevó a esas inquietudes sociales primero, y luego políticas.

—¿Cómo era Yves, cómo fue ese proceso que lo llevó a abrazar la lucha revolucionaria en el PRT?
—Por un lado estuvo ese contacto con distintas poblaciones argentinas, porque viajábamos un montón pero haciendo campamentos, a dedo, conociendo la realidad de la gente del norte y del sur del país, de este país que nos parecía tan enorme, especialmente viniendo de Europa.
Entonces por un lado estaba esa conciencia social que fue despertando, y por otro no olvidemos que estábamos en la década del setenta. Yves terminó la secundaria en el año 71 y comenzó la universidad en Ingeniería, que por esos días era una explosión de participación y compromiso político. Eso lo llevó primero a un compromiso social, luego a uno estudiantil y finalmente político, ya mucho más fuerte cuando ingresó al PRT. En esa militancia pudo conocer a Cristina, que también militaba en el PRT: fueron pareja, pudieron quererse y estar juntos un tiempo hasta que los mataron.

—¿Cómo analizás este escenario de juicios que se están desarrollando en todo el país?
—Creo que los militares nunca se imaginaron, en esa burbuja de impunidad en la que vivieron tantos años, que los huesos hablaran. El ADN y los avances de la ciencia son relativamente novedosos, pero ahora no sólo se pueden encontrar restos, sino que con las pruebas de ADN se puede detectar la identidad de las personas.
Por otro lado cuando digo que los huesos hablan es que en el caso de Yves y Cristina se pudo determinar científicamente cómo fueron asesinados, muy baleados, rematados debajo del ojo derecho. Además, dentro de las tumbas los antropólogos encontraron siete proyectiles. Cabe mencionar acá que además en este caso también contamos con el expediente iniciado por un juez en Melincué en el mismo momento en el que se encontraron los cuerpos. Allí el juez y la policía del lugar hicieron las autopsias como corresponde. Ahora todas estas pruebas pueden formar parte del juicio Díaz Bessone que se está desarrollando en Rosario.

—En el juicio oral que se lleva adelante contra Díaz Bessone y cinco imputados más, entre otros 92 casos se está investigando la privación ilegítima de la libertad y los tormentos sufridos por Cristina Cialceta. ¿Por qué no se incluyó el caso de Yves?
—Yo estoy convocado a declarar como testigo en la causa de Cristina, que ahora deberá cambiar la carátula de secuestro y tormentos a la de homicidio, porque finalmente aparecieron los cuerpos que prueban el asesinato. Y además, al aparecer los dos cuerpos juntos se refuerza la denuncia que siempre hicimos con mi familia de que habían sido secuestrados juntos. Lo que pasa es que yo entiendo que como Yves vivía en Buenos Aires y estaba de paso por Rosario, supuestamente no había ninguna prueba de su paso por esta ciudad.

—La desaparición de los cuerpos de las víctimas fue uno de los objetivos del terrorismo de Estado. ¿Ustedes los familiares, que nunca dejaron de buscar a sus seres queridos, no sienten que han obtenido una pequeña victoria con el hallazgo de los restos de Yves y Cristina?
—Efectivamente. Y cuando hablamos de victoria, con mi familia queremos dejar un mensaje claro: queremos decir que esta sea una victoria de los 30.000, que esto pueda representar una victoria para todos, aunque sea por un instante. Porque esta es una lucha colectiva. Hace mucho tiempo esto dejó de ser una causa individual y pasó a ser colectiva. Así como otros nos ayudaron a buscar a Yves y a Cristina nosotros ayudaremos también a buscar a todos los desaparecidos.

—¿Cómo fue para tus padres, allá en Francia, recibir la noticia de la desaparición de Yves? ¿Qué hicieron cuando se enteraron?
—El viejo fue un genio. Yo me saco el sombrero cada vez que lo menciono. Mis padres, en general, siempre discutían con mi hermano. Nosotros veníamos de una familia muy cristiana. Cuando los hijos mayores empezamos a abandonar el tema religioso y comenzamos a dar la espalda a la Iglesia, se creaban obviamente ciertos debates familiares. Y cuando mi hermano abrazó el marxismo leninismo, más todavía. Siempre fue todo con un gran respeto, nunca se ponían de acuerdo, pero los debates se daban siempre con un gran respeto y mucho amor. Y cuando le secuestraron al hijo fue el primero en decir “yo no paro hasta que me lo devuelvan”, y nunca paró.
Ya en plena búsqueda de Yves, como mi papá había sido un empresario francés en la Argentina, estaba en permanente contacto con otros empresarios franceses, por más que ya estaba radicado nuevamente en Francia. Cada tanto iba algún colega francés y le decía: “Señor Domergue, por favor pare un poco de agitar con esto de su hijo que los militares se molestan mucho”. Y él les decía: “Bueno, que me devuelvan a mi hijo y después lo hablamos”. Mi viejo no paró nunca.

—¿Cómo fue que terminaron organizando la conferencia de prensa para anunciar el encuentro de los cuerpos en la Casa Rosada?
—Fue inédito, raro, pero salió muy bien. Cuando voy a avisarle al embajador de Francia para informarle todo esto, le solicito que hagamos la conferencia de prensa en la embajada. Rápidamente me contesta que sí, realmente recibimos mucho apoyo de la embajada. Entonces el embajador me dice: “La podríamos invitar a la presidenta también”. No nos olvidemos que Francia y Argentina han impulsado en conjunto en Naciones Unidas la convención sobre la desaparición forzada de personas. Y como este es un caso muy particular, ya que son dos ciudadanos, Yves y Cristina, uno francés y la otra mexicana, es decir dos extranjeros que dieron la vida para el país, la cuestión reunía suficientes particularidades como para considerarlo. Por intermedio de diferentes funcionarios la presidenta se enteró de la idea estando de viaje por China y rápidamente dijo que sí, pero que se haga en la casa Rosada.
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