martes, febrero 15, 2011

Juicio Díaz Bessone: La Tana

Por Juane Basso. Los enormes ojos azules de Josefina González sólo lograron contener el llanto hasta la salida de los tribunales federales de boulevar Oroño, donde se juzga a una parte de la patota de la dictadura que comandó Agustín Feced. Ahí, abrazada por amigos y familiares, largó de un tirón las lágrimas de tanta angustia acumulada y emoción contenida durante su testimonio, brindado este martes en el marco de la causa Díaz Bessone. Segundos atrás acababa de relatar una impactante historia de asesinatos y desapariciones de su padre, madre, abuela y tíos; más los secuestros de ella y su hermana en el Servicio de Informaciones (SI), quienes además fueron apropiadas por diferentes policías.

Aunque su DNI mienta que se llama “Josefina Victoria González”, la “Tana”, como la conocen en el ámbito de los organismos de derechos humanos, dejó bien en claro que ese apodo y su nombre real, tienen que ver con su identidad, y que con eso no se jode. “Tosseto será mi apellido cuando obtenga mi filiación”, informó a los jueces del Tribunal Oral Federal N° 2 de Rosario, Josefina en el inicio de su testimonio brindado este martes en el marco del juicio oral y público ‒de un tramo de la causa Díaz Bessone, ex Feced‒, que se sigue contra seis imputados por delitos de lesa humanidad.

La Tana declaró que su familia “casi en pleno” sufrió la represión militar desde bastante antes del inicio de la última dictadura militar. “Mi padre (Dardo Tosseto) fue secuestrado en diciembre de 1975 en la zona sur de Rosario” contó Josefina. Dardo Tosseto, fue un encumbrado dirigente del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), víctima fatal del terrorismo de estado.

Con una serie de increíbles anécdotas, Josefina relató el largo camino de reconstrucción de su historia. “Después de los 15 años supe quien era mi papá y empecé a buscar”, comentó la testigo.

Josefina indicó que nació en febrero de 1976 y en julio fue secuestrada junto a su madre Ruth González ‒asesinada por los represores‒, su hermana Mariana y un compañero de militancia de sus padres, Pedro Paulón, también desaparecido.

La Tana fue ofreciendo de a uno, durante su testimonio, los retazos del relato que fue armando en estos más de veinte años.

“Lo que pude reconstruir es que mi mamá estuvo en la Alcaldía”, dijo Josefina, en alusión al lugar de detención de mujeres que se encontraba en el centro del antiguo edificio de la Jefatura de Policía de Rosario, a donde eran llevadas las militantes secuestradas luego de pasar por el Servicio de Informaciones, ubicado en una de las esquinas de la imponente manzana policial, la de San Lorenzo y Dorrego.

“En un momento nos llevan al SI, después nos separan, a mi mama la llevan a la Alcaidía, y a nosotras nos dejan en el baño de ese lugar. Después nos dan a dos policía a mi a Norma Ramos, y a mi hermana otra. Tuve relación con ella hasta los 10 años, pero después se cortó”.

“Mi mamá fue sacada de la Alcaidía ‒continuó Josefina‒, luego llevada a otro centro clandestino de detención (CCD), que podría ser La Calamita. Después la juntan con mis tíos, Estrella (González) y (Héctor) Vitantonio, secuestrados el 23 de septiembre del '76 ‒posteriormente asesinados‒, dejaron a la hijita bebé en el lugar. Esta nena creció con los abuelos paternos. No estaba anotada, yo tampoco, no teníamos ningún tipo de documentación. A nosotros nos mantienen en la custodia de la policía. El 5 de octubre blanquean la muerte de mamá en un supuesto enfrentamiento. Mi vieja estaba desnuda y mi tía tenía un camisón que era con el que la habían llevado. Mi tío tenía un vaquero, también con eso lo habían secuestrado. Estaban muy golpeados con varios impactos de bala”.

Josefina respiró y luego siguió: “Mi tía Judith Brunet, hermana de mi abuela, nos empieza a buscar, a mi hermana se la dan al mes de que había muerto mi mamá. A mi me busca mucho tiempo más. Logra recuperarme en mayo del año '77, que gracias a dios mi abuela se entera que estamos las tres bien (mi prima, mi hermana y yo). Mi abuela (Amorosa Brunet de González) es secuestrada después en Capital Federal. La tenía el ejército ‒también se encuentra desaparecida‒”.

Más adelante en su testimonio, Josefína confirmó que durante su detención, con apenas meses recibió apremios por parte de los captores. “Cuando mi tía me recupera, ella era enfermera, nos hace hacer los chequeos generales, encuentran que mi fórmula de sangre no era noramal, pensaron que era leucemia, eso hizo que me protegieran más. Tenía enfermo el baso, hasta que lo sacaron y estalla, no había razón biológica para que estuviera así, llegaron a la conclusión que había recibido un fuerte golpe”.

La Tana recordó que hasta los siete años lo que sabía era que sus padres habían muerto en un choque. “A esa edad yo empiezo a tener pesadillas reiteradas ‒rememoró la testigo‒, yo sentía la respiración de alguien que me alzaba y yo sentía eso. Ahí recomiendan que me digan la verdad. Nos dicen que los habían matado porque pensaban distinto. Cuando tenía 10 años encontré en la biblioteca familiar mi partida de nacimiento, donde decía hija de y toda esa parte tachada. Ahí empiezo a preguntar, me dijeron que yo estaba anotada por orden de la jueza. Ahí empiezo a decidir tratar de hacer mi filiación materna. Un año después aparece el que era el padre de mi hermana, que no era el mío. No sabían nombre, estado, nada. Fue muy difícil para mi. Dos años después decido iniciar la búsqueda a partir de Lelia Ferrarese, amiga de mi vieja, y que habían estado en la alcaldía juntas. Ella inició la investigación, siempre conmigo atrás”.

Lelia Ferrarese, una reconocida militante por los derechos humanos de Rosario y pilar injustamente invisibilizado del Museo de la Memoria local, también declaró este martes, al igual que Luís Lapisonde y Margarita Molina.

Josefina avanzó en su testimonio y comentó que la primera vez que vio fotos de su padre se “muy parecida”, y que a partir de ese momento empezó “más fuerte la búsqueda de los datos, lo único sabía era que había sido secuestrado en diciembre del '75, busqué por todos lados”.

También contó que ya más grande pudo hablar con compañeras de militancia de su mamá y que una recordó que una mujer “nos dio dos anillitos que eran de mi mamá. Dijeron que mi mamá era muy fuerte e hizo todo para bancarsela, todo lo que le hicieron a ella y a sus hijas en el SI”.

Luego, la testigo relató como en la adolescencia en el año '95 comenzó a militar en H.I.J.O.S. y recordó el trabajo realizado con el inicio de las causas en los juzgados españoles.

El cierre de su testimonio aseguró “creer en la justicia” y afirmó que “es la forma de lograr un país más justo”.

Por último, la Tana reivindicó el contexto abierto a partir de las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner y concluyó: “Lo único que no pudieron sacarme fue la sangre y la historia, gracias a eso soy hija de mi mamá y se que pronto voy a ser hija de mi papá”.
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