martes, diciembre 07, 2010

Juicio Díaz Bessone: “Hijos de puta”

En otro de los conmovedores testimonios escuchados en el Tribunal Oral Federal 2 de Rosario, donde se juzga a los represores de la dictadura que actuaron en el Servicio de Informaciones de la policía, Carmen Lucero, una de las testigos que declaró este lunes, sacudió el espíritu de los magistrados al punto que la jueza Beatriz Caballero, al final de la audiencia le preguntó “¿como continuó su vida después de esta experiencia?”. Lucero, que tenía sólo 16 años cuando fue detenida, realizó un relato minucioso de los vejámenes a los que fue sometida durante el terrorismo de estado, no dejó flanco abierto a los defensores de los represores a quienes “dio un paseo” cuando intentaron hacerle alguna pregunta capciosa y culminó su declaración parada, dada vuelta, mirando a la cara a los acusados, haciendo la V de la victoria y gritándoles “Hijos de puta”.



Carmen Lucero una de las sobrevivientes del Servicio de Informaciones (SI) de la policía de Rosario, el centro de exterminio que condujo el ya fallecido comandante de gendarmería Agustín Feced. Este lunes, al igual que otros cuatro testigos (ver nota aparte) declaró en el juicio que se lleva adelante contra seis acusados de ser los responsables de cientos de secuestros ilegales, tormentos

En el momento de su secuestro Carmen tenía apenas 16 años. “Militaba en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), en la escuela Superior de Comercio ‒declaró la testigo‒. Fui secuestrada y privada de mi libertad de mi casa el 22 de enero de 1977. Pero esa no fue la primera vez que hubo un secuestro en mi domicilio, la misma madrugada del 24 de marzo del 76 fue secuestrado mi padre, diputado provincial, que integraba la comisión investigadora formada por el asesinato de Ángel Tacuarita Brandazza. En una ocasión tirotearon el domicilio. Cuando me secuestran a mi, mi papá estaba detenido en Coronda”.

Lucero recordó cómo los integrantes de la patota la secuestraron de la casa de sus padres: “Uno me agarra de los pelos arrastrándome hacia la calle, me suben un auto clarito, delante había un auto rojo. Los vecinos dijeron después que además había un Citröen. Me sientan en la parte de atrás del auto, uno se presenta, dice que es Caramelo, que empiece a rezar porque me van a matar. Otro me dobla las rodillas y se tira arriba mío. Después me entero que antes de pasar por mi casa habían pasado por casa de mi tía, de donde se llevaron a mi prima María Rosa, de 12 años, que iba en en el otro auto. También me entero después cómo fueron golpeados brutalmente mis abuelos, el comandante, un hombre grande que daba las órdenes, pienso que era Feced que tenía gran odio respecto de mi padre”.

El padre de Carmen es Juan “Chancho” Lucero, un histórico referente del peronismo revolucionario, surgido de la llamada “resistencia peronista” que se inició al poco tiempo del derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Perón, fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).

Carmen relató que ya en el SI, la suben por un escalera, esposada y con una capucha. “Me llevan por un pasillo derecho hasta la última habitación de la derecha ‒señaló la testigo‒, me sientan en un silla, había luz, podía ver siluetas, estaba llena de represores. El único que me hablaba era Conejo, me dice que tenía que colaborar, pregunta cual era mi nombre de guerra. Mientras me pasaba una soga mojada entre las piernas, me decía si sabía que era eso. Yo le decía que no, yo veía un poco y se dan cuenta, entonces empiezan a las trompadas, puteadas, me cambian la capucha por una venda, con la que estuve todo el tiempo ahí arriba. Dos hombres me empiezan a decir, Carmencita, tenés que colaborar porque te vamos a matar, tenés que decir todo lo que sepas. Escucho risotadas, la voz de mujer, era la Polaca (Noilda Folch)”.

Lucero comentó que lo de Nilda Floch “fue terrible” para ella. “Militábamos en el Superior y no sabía que estaban colaborando. Me decía hija de puta empezá a hablar, por que sabes que yo te conozco”. Carmen indicó que “la Polaca y el Cady (Ricardo Chomicky) participaban de los interrogatorios”.

El extenso y preciso testimonio de Carmen Lucero continuó con la descripción de los tormentos a los que fue sometida en el SI: “Me llevan a una parte redonda, donde daban las puertas de las oficinas, escucho que torturan a un compañero. La radio fuerte, gritos de nuestros compañeros torturados. En un momento me levantan y me dicen «vas a saber lo que es la picana». Me llevan a sala de tortura los empujones. Me sacan el camisón, me suben a la parrilla ‒el elástico de una cama‒, donde pude ver pelos y sangre, atan de los tobillos, empiezan a arrancarme los pendejos, el dolor era terrible, me tapan la cara con una almohada. El que me arrancaba los pelos y me picaneaba era el Ciego, detrás estaba el Cura. Me pegaban terribles golpes, me preguntaban por la Flaca, Analía Minetti. Me ponen el camisón, me sentía muy mal, sentía como que el cuerpo se me secó”.

Lucero prosiguió con el relato: “Le pido a uno que me lleven al baño, me tira contra el inodoro, no puedo hacer, me agarra a las piñas y dice «hasta en esto nos mentís». Me tira en la parte redonda. Ahí había mas compañeros, pude hablar con alguno, nos vimos debajo de la venda. Veo a Daniel Bas y Mansilla, Adrían Sánchez, el Toni, Sofía de Figuera, su compañero que creo se llamaba Arias, un señor más grande, creo se llamaba Mattos y era plomero. Unas cuentas veces nos torturaron juntos a Sanchez, Toni a mi. Nos golpeaban, nos gritaban montoneros de mierda, participaba uno al que le decían Carlitos que intentó engancharme con una abrochadora las piernas. En un momento lo tiraron al Toni arriba mío, tenía todo el cuerpo lastimado, torturado terriblemente, muchas lastimaduras en su cuerpo”.

Carmen rompió en llanto cuando recordó un anécdota vivida con aquel compañero. “Con el Toni, en la parte redonda, y con Sanchez y Bas y Mansilla, podíamos charlar, nos pasamos nombres, con el Toni, nos pasamos nombres y direcciones y prometimos que el primero que salía avisaba a la familia. Una vez nos sacan a los dos y nos llevan a las escaleras, hablamos, yo tenia mucho miedo, le digo que nos van a matar. Toni me cruza un brazo por la espalda, dice que era una posibilidad, pero que nos calmáramos, eso me ayudó un montón, su recuerdo y su fortaleza me ayudó un motón en mi vida”. El Toni era, Daniel Farías, un militante de la UES de 17 años, quien continúa desaparecido hasta el día de hoy.

“Feced me gritaba barbaridades de mi viejo, y se paraba y me daba en la cara con la picana de mano ‒rememoró Lucero‒. Se repitió varias veces, hasta que un día lo hizo y me anuncia que era una hija de puta, que me había salvado, que no me iba a poder matar, pero que ya me iba a agarrar en la calle a mi viejo y a mi y nos iba a matar a los dos”.

“Una ves el Japonés ‒comentó Carmen‒, me ve que tenía una especie de hemorragia, la manda a Victoria (como también la llamaban a Folch) a buscar medicamentos. Vuelve con unas toallitas y fibra de baño. Cuando el Japonés se va, la Polaca me lo arranca y me dice que eso era para ella”.

La testigo indicó que entre otros detenidos estuvo con Elías Carranza. “Había estado con mi padre en la comisión bicameral de Brandazza. Pude escuchar como lo torturan. Tenía su cara toda desfigurada, todo un hematoma”.

Además recordó a gran cantidad de sus compañeros de cautiverio, como Analía Minetti, Margarita Ester Fernández, Mirta Castelini, la Manolita Gloria Fernández, Ana Moro, Mirta Corssetti, Ángela y su hija Lili, Cecilia. En la pieza de lo varones Carmen mencionó que estabanElías, el compañero de Ana Moro, García, Castillo, Gerónimo, Juan Jesús García.

Además de Feced, el Ciego Lofiego y el Cura Marcote, Lucero registró entre otros los nombres de los represores Sargento o Pelado, Diego, Jorge, Carlitos, Managua, Romel, Mono, Pirincha, Guzmán Alfaro, Ronco.

Ya trasladada a la Alcaldía de mujeres de la ex jefatura, Carmen vio a las detenidas María Inés Luchetti de Betanin, Ana Ferrari, Azusena Solano, Patrica Antello.

En un momento se produjo un “peloteo” de preguntas por parte uno de los abogados de los acusados, al que Lucero le agregó tantos datos de los imputados, complicándolos aún más, que dejó a defensor sin palabras.

Ante una pregunta de sus abogados de la agrupación HIJOS, a Lucero se le disparó el recuerdo de otro detenido a quien vio en el SI. “A Carlos Razzeti lo vi estando en el sótano, lo conocía de antes, su papá era amigo de mi papá. Carlos iba a mi casa, es uno de los primeros varones que veo cuando pasa al baño. El día en que salía en libertad, me dice que me quede tranquila que le iba a avisar a mis padres. Y eso hizo cuando salio fue y le dijo al mi madre que me había visto en el SI”, rememoró la sobreviviente.

Antes de terminar su declaración, Carmen Lucero solicitó a los jueces agregar algo más: “Quiero volver a recordar al Toni, la Flaca, la Manolita (los tres desparecidos), y los treinta mil compañeros desaparecidos que están siempre con nosotros. También nombrar al compañero que dijo que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la casa rosada, Néstor Kirchner, y a Cristina, porque gracias a ellos, con su política son posibles estas causas. Y quiero destacar la lucha inclaudicable de los organismos de derechos humanos”.

En ese momento, mientras el público con fotos de los desparecidos, entre aplausos y sollozos, comenzaba a ovacionarla, Carmen se puso de pie, se da vuelta, mira hacia donde está ese público en el que se encuentran amigos y familiares, y con la mano levantada haciendo la V les dice: “gracias compañeros”. Luego mira al rostro de los acusados, les grita “hijos de puta” y se va.
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