jueves, diciembre 02, 2010

Juicio Díaz Bessone: El cinismo de Marcote, el “violador oficial” del Servicio de Informaciones

El represor de la dictadura Mario “El Cura” Marcote, uno de los seis acusados de “asociación ilícita, privación ilegítima de la libertad y aplicación de torturas”, que están siendo juzgado en los tribunales federales de Rosario, solicitó este miércoles ampliar su declaración indagatoria a los jueces del Tribunal Oral Federal N° 2 de Rosario, para contestar los dichos de una de las ex detenidas, que lo señaló como “un violador serial”. Luego de la intensa jornada de testimonios brindados el martes, en la que cuatro mujeres –sobrevivientes del centro de detención y exterminio que funcionó en el SI– coincidieron en subrayar los delitos sexuales cometidos por Marcote, el represor intentó defenderse de esa acusación y poner en contradicción una de las denuncias.

“Se ha incluido en este juicio la declaración de Stella Maris Hernández cuya declaración del año 84 fue desestimada por la Cámara. No me imputaron ese hecho y por eso no quedé detenido por la obediencia de vida que no cubría este delito”, apuntó Marcote al TOF2.

“Esa es justamente la razón por la cual las compañeras y nosotros estamos pidiendo que las violaciones sean declaradas como delitos de lesa humanidad”, explicó Nadia Schujman, abogada de la agrupación HIJOS, y agregó: “porque como dijo Stella las violaciones no fueron delitos aislados, sino una práctica sistemática”.

Marcote, que además de ser recordado como el “violador oficial” del SI, era identificado por todo los ex detenidos por su fanatismo religioso, en su ampliación de este miércoles volvió a escrachar ‒como lo hizo en una oportunidad anterior‒ a otros camaradas de cacería. “Manolo y la Bruja eran de la policía federal, de la prefectura era Caramelo y creo que Ruiz, del ejército, el Teniente Primero Caracoche. Personal uniformado del 2º cuerpo interrogaba a los detenidos, venían del 121 que también interrogaban a los detenidos” apuntó el represor.

Marcote rechazó además que los integrantes del SI hayan utilizado la violencia y remató con ironía que “la violencia que se ve en el programa Policías en acción nunca la vi en el Servicio de Informaciones, nunca forzamos una puerta sino que sólo se intimidaba la salida de las casas, por medio de un megáfono”.

Stella Hernández ‒quien al momento de ser secuestrada tenía 19 años y militaba en la Juventud Peronista (JP)‒, había decidido relatar este martes ante los jueces un vejamen al que fue sometida y que no se juzga como delito por la prescripción de la pena. "Una noche me viene a buscar Carlitos (un represor), junto con el Cura Marcote, me llevan a una oficina donde el Cura me obliga a desnudarme y me viola. Yo sólo lloraba", contó la testigo, que en la actualidad es secretaria gremial del Sindicato de Prensa Rosario e integra el Concejo de la Autoridad Federal de Comunicación Audiovisual.

“Estuve todo mi cautiverio sin menstruar pensando que podía estar embarazada de ese tipo. Por suerte no fue así", recordó la ex detenida.

Su testimonio coincidió con el de otras tres testigos que declararon el martes, que señalaron a Marcote como el “violador oficial” del SI. "Todos supimos que el Cura Marcote era un violador serial, y que cumplía con ese rol", agregó la testigo en su declaración.

Otro testimoio

Máximo Mur fue detenido por la patota de Feced el 20 de Enero del 77´, era militante de la Juventud Peronista en su pueblo, San Gerónimo Sur y empleado de la fábrica textil Estexa. “Trabajaba en el turno mañana, de 6 a 14, viajaba en trenes y desde mi localidad, tenía 12 minutos desde Estexa hasta Alberdi” recordó en su declaración de este miércoles ante el Tribunal Federal de Rosario que juzga a la patota de la dictadura que operó en el Servicio de Informaciones de la policia.

“Ese día cuando ‒contó Mur‒ salgo, casi me llevo por delante un Fálcon, no recuerdo color, le digo «no me ves q estoy cruzando». Me dice «vení boludo, vamos que te llevo». Digo que «hacés Daniel». Ahí me dice que me viene a buscar porque hay un problema. «Vos estas marcado como montonero, vamos para la Jefatura y lo arreglamos», me dice”.

Mur continuó su relato: “A la altura de crucé Alberdi, se acerca un Peugeot y le dicen «¿que pasa Laucha?». Llegamos a Jefatura, me dice agachate que si los montos te ven te van a batir, me tapo con una remera. Yo tenía la plata de la quincena, la cadenita con crucifijo regalo de mi padre y un reloj. Desapareció, nunca más lo vi. Daniel Calvagna, fue compañero mío en un bar de Corrientes y Jujuy, durante 6 años. Supuestamente había sido desertor de la colimba”.

“Cuando salgo del auto ‒prosiguió el testigo‒ me pegan con algo en la cabeza, no se bien donde me llevan, me esposan y vendan. Yo tenía 23 años, me hablaba uno, me dice «no des tu nombre», no sabía quien estaba al lado mío, estaba tirado. Me hacen bajar unas escaleras vendado, me toman declaraciones, me hacen preguntas, si yo maté a Sánchez, John Kennedy, si puse una bomba en el lugar donde trabajaba, me picaneaban, me cachetaban. Me vuelven a llevar arriba, me bajan y me preguntan por 2 o 3 compañeros de Estexa, eran 1200 obreros, yo trabajaba en una sección de 12 personas”.

Muro recordó que en el SI “escuchó torturas”, y conoció “a personas por levantar un poquito la venda”. Así se enteró que estaba en la Favela. “Abajo había un montón de gente detenida”, agregó.

“En la Favela estuve 5 o 6 días y 6 días, en el subsuelo no tenía venda. Ahí había bastante gente, hablé con un muchacho que era Ingeniero, no sé si habían matado a la hermana o la tía, la habían tirado. Conocí a un médico cirujano, le decían Elías, estaba con guardapolvo verde, trabajaba en el Unione e Benevolenza, cobró como en la guerra” rememoró el testigo, que apuntó algunos nombres de represores como el “Ciego”, Managüa, Kunfú y el Cura.

“Una día traen a una persona de Villa Gdor Gálvez ‒indicó el sobreviviente‒, estaba muy lastimada, en el subsuelo había como una piecita donde dormían mujeres, nosotros dormíamos tirados en el piso en una habitación más grande. Trajeron a una mujer que estaba muy mal, le habían introducido un fierro en el ano, «se va a morir desangrado» me dijo Elías”.
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