sábado, diciembre 12, 2009

Declaración de Bueno: “A Juan Carlos Sánchez lo mató el Ejército”

La declaración que el represor Francisco Bueno realizó en Brasil como testigo del juicio Guerrieri-Amelong, –donde fue encontrado por Interpol debido a que tenía un pedido de captura por su implicancia en la causa Gazzari Barroso–, agregó información que complica aún más a los cinco imputados de la causa y aportó algunos datos hasta ahora desconocidos sobre éstos y la historia reciente de nuestra región. Entre otras referencias, Bueno señaló que Pascual Guerrieri se vinculó en su momento al tráfico de cocaína para conseguir dinero y posicionar a su jefe, Leopoldo Galtieri, en la interna militar. Además, indicó que el asesinato del general Juan Carlos Sánchez, ocurrido en abril de 1972 en Rosario y atribuido a FAR y ERP, habría sido cometido por hombres del propio Ejército entre los que mencionó a un uniformado de apellido “Arrue”.

El testimonio que el ex Personal Civil de Inteligencia del Ejército (PCI) Francisco Bueno brindó en Belém do Pará (Brasil), al que redaccionrosario tuvo acceso, es una pieza de recontra espionaje que haría caer las babas al mismísimo John Le Carré. La delegación integrada por el presidente del Tribunal Oral Federal N° 1 Otmar Paulucci, la Fiscal Mabel Colalongo, las abogadas querellantes Virginia Blando y Ana Oberlin y el defensor del imputado Eduardo Costanzo, Germán Artola, que viajó para presenciar el testimonio de Bueno, se despachó con una serie de informaciones y escuchó en boca del propio represor una parte increíble de la historia del ex servicio.

Como primera sorpresa la delegación se enteró que Francisco Bueno habría conseguido en Brasil el estatus de refugiado político otorgado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). “Si vuelvo a Argentina me van a asesinar”, dijo en varias oportunidades el represor.

Según los datos autobiográficos aportados por el propio Bueno en su declaración, debió enfrentar una serie de persecuciones y atentados contra su vida, luego de haber dado un testimonio ante el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) en 1985, en el que refirió cómo funcionó el aparato represivo del Segundo Cuerpo de Ejército en Rosario.

Por ese mismo testimonio es que Bueno se transformó en una pieza clave del primer juicio a los represores en Rosario, ya que en aquella declaración ante el Cels confirmó nombres y metodología de funcionamiento de la patota que hoy está siendo juzgada en el TOF1.

El hombre que escapó del frío

En su declaración en Brasil, Bueno contó que vive hace veintiún años en Belém do Pará y que llegó “escapando de las persecuciones y amenazas” que sufrió por parte de sus camaradas de ejército. “Me siguieron fuera de Argentina en varias oportunidades”, denunció el represor.

De su declaración autobiográfica se desprende que Bueno salió de Argentina en 1979 para “salvar su familia”, y que anduvo por distintos lugares como Brasil y Europa.

En el 84 volvió a Argentina. “Ahí empezaron las amenazas, bombas, aprietes”, indicó el ex PCI, quien agregó que por esas razones volvió a salir de Rosario, llegando a camuflarse como “mendigo en Buenos Aires, huyendo de un lado a otro para que no me localizaran”.

Bueno contó que estuvo escondido en Mar del Plata en el seminario Sagrado Corazón de Jesús. “De ahí, después de un tiempo, empecé a ver cómo salir de la Argentina -relató-. En Mar del Plata intentaron capturarme y eso fue lo que terminó de decidirme a salir del país”.

El represor señaló también un intento de asesinato del que logró escapar en Rosario, que le imputó al represor de la Quinta de Funes, Daniel Amelong.

Bueno refirió que luego volvió a Buenos Aires y habló con Enrique Coti Nosiglia, y se presentó con un cura ante él para “pedirle garantías”. Según el represor, Nosiglia le dijo que lo único que podía hacer es que lo lleven a San Pablo dos servicios de inteligencia. “Ahí sospeché que me estaban esperando y me pareció mejor no salir con ellos. Salí de allí asustado, me fuí a Uruguay. De ahí a Brasil, donde me dieron 90 días para regular mi situación, como turista”.

El represor mencionó un nuevo intento de asesinato en San Pablo en mayo del 88: “Estaba tranquilo trabajando, un día a la tardecita una vecina me dijo que habían venido amigos a buscarme. Pero ella dijo que como no le gustaron las caras no los dejo pasar al edificio. Eran 8 personas que estaban armadas. Llamó a la policía, cuando vino la policía y los revisaron, ellos presentaron carta diplomática, decían que tenían inmunidad. En ese momento, pedí que ACNUR me refugiara. Me mandaron a Río de forma urgente”.

Según el relato de Bueno, de ACNUR le dijeron que se vaya para el norte del país, que era más seguro y así recayó en Belem el 9 de julio de 1989.

Una revelación

Francisco Bueno comentó que uno de sus primeros “trabajos en el área de contra-inligencia militar fue investigar quién o quiénes habían matado a (el general ascendido post mortem a teniente general) Juan Carlos Sánchez, que era comandante del II Cuerpo”. Según consta en el acta de la audiencia realizada en Belem: “Por las investigaciones que hizo el deponente, concluyó que la muerte del general Sánchez ocurrió por una persona de apellido Arrue, del ejército”.

Genocidas narcotraficantes

Además de ratificar su declaración ante el Cels, Bueno indicó que “Guerrieri estaba ligado al tráfico de cocaína junto Arce Gómez y García Mesa, dos bolivianos acogidos por Galtieri”. Según el represor radicado en Brasil, esto “era parte de una interna para que Galtiere fuese presidente”, y el “dinero de Bolivia era para esto”.

Bueno agregó que Galtieri asumió como presidente y el pago a sus socios bolivianos fue “abrir la ruta de la cocaína por el norte de Argentina, pero de forma libre”.

(de redaccionrosario.com para El Diario del Juicio)

Recomendamos leer la siguiente nota sobre la declaración de Francisco Bueno de José Maggi publicada en Rosario 12:

"Guerrieri es un psicópata"

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