lunes, noviembre 09, 2009

Juicio Guerrieri-Amelong (día 23)

El juicio oral y público contra cinco represores de la dictadura en Rosario continuó este lunes con cuatro declaraciones testimoniales y la ampliación indagatoria del imputado Eduardo Tucu Costanzo. Dos sobrevivientes de La Perla delcararon haber visto en ese campo de exterminio a la desaparecida de Fábrica Militar Domingo Matheu, Hilda Cardozo.

La audiencia de este lunes del juicio Guerrieri-Amelong, en el que se juzgan delitos de lesa humanidad cometidos por cinco represores del Segundo Cuerpo de Ejército durante la última dictadura, comenzó con una sorpresa aportada por el imputado Eduardo Tucu Costanzo. El represor pidió ampliar su declaración y señaló al tribunal que varios de los dichos de los otros acusados -Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Amelong y Walter Pagano- eran “mentiras”.

Costanzo apuntó especialmente contra Jorge Fariña, alias Sebastián, de quién dijo que “es mentira que no estuvo en la Fábrica Militar”, uno de los centros clandestinos de detención que forman parte del circuito represivo que estuvo bajo el control de la patota del Segundo Cuerpo de Ejército.

El Tucu también sacudió contra el también imputado en este proceso Juan Amelong, y apuntó a Jorge Walter Perez Blanco, Juan Carlos Bossi y Alberto Pelliza, represores que no fueron alcanzados por esta instancia judicial, pero que se encuentran procesados por la justicia federal.

En su declaración el Tucu volvió a la carga con el polémico dirigente de la derecha peronista de la ciudad, Luis Rubeo (padre), a quien responsabilizó del asesinato del referente justicialista Costantino Razzetti, asesinado en mayo de 1973. Costanzo confesó que tanto él como el otro imputado, Pascual Guerrieri, trabajaron para Ruebo mientras éste era Senador; afirmó que el dirigente peronista “perteneció la triple A” y agrego: “En campo de mayo tenían el cadáver de Santucho y estaba prohibido verlo. Esto me lo dijo el senador Rubeo”.

Sobre el cuerpo del líder del ERP-PRT, el represor aseguró que Rubeo supo de él cuando “manejaba el Museo de Campo de Mayo”.

Hilda Cardozo


Juan José López y María Del Carmen Pérez Sosa, dos de los testigos que declararon este lunes en el juicio Guerrieri-Amelong, vieron a la desaparecida de Fábrica Militar Hilda Cardozo en La Perla, el campo de exterminio más grande de la provincia de Córdoba, del cual ambos son sobrevivientes.

López, que fue secuestrado a mediados de abril de 1978, declaró que “en junio de ese año, llegó una compañera que estaba muy mal y se llamaba Hilda Cardozo. Era un domingo y estábamos más relajados porque no estaban los torturadores de la salita de terapia intensiva. Ese domingo pude charlar con ella, estaba muy alterada, con delirio de persecución”.

“Hilda estaba muy golpeada -recordó López-, las compañeras le lavaron las heridas. Tenía quemaduras de cigarrilos, estaba ampollada. Ese domingo hablamos mucho sobre Salta, su ciudad natal. Luego ella fue sacada de allí un día y la trajeron a la noche. Ella decía que la iban a matar. Finalmente un día se fue, se la llevaron y no volvió nunca más, esto sucedió los últimos días de julio. Ella dijo que se había ido de salta y que había venido con un compañero. Ella venía de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma)”.

Su compañero fue Ramón Verón, sobreviviente de Fábrica Militar y uno de los querellantes de la causa, quien declaró semanas atrás.
“Con relación a su compañero recuerdo que Hilda estaba convencida de que había muerto”, dijo López. En la misma sala de audiencias del Tribunal Oral Federal N°1 de Rosario, Ramón Verón escuchó atento las palabras del testigo venido de Córdoba.

María Del Carmen Pérez Sosa fue secuestrada y llevada a La Perla en abril de 1978. En junio de aquel año también vio a Hilda Cardozo. María del Carmen contó al tribunal que “Hilda llegó entre una semana y diez días antes del día del padre, venía de la Esma pero había sido detenida en Rosario a principios de mayo, los primeros días de julio la trasladan. Hubo dos intentos de traslados anteriores pero la reintegran. Se la lleva una noche, uno de los interrogadores, Vergara, que tiene una cicatriz profunda, quien la saca de la cuadra y ahí la vemos por última vez”.

“Lo de Hilda Cardozo fue una cosa espantosa -refirió Pérez Sosa-. Tenía el cabello chamuscado, la piel de la cara y los senos quemados por cigarrillos y picanas, tenía heridas en las piernas y vientre sin curar, algunas partes necrosadas”.

María del Carmen señaló que “en la Esma, según Hilda, estaba con el marido y a él se lo llevan. Ella pensaba que estaba muerto”.

La testigo comentó que una vez legalizada, en la cárcel se encontró con Adriana Arce -otra de las sobrevivientes de Fábrica Militar-, e intercambiaron información. “Ahí charlando acerca de la docente salteña Hilda Cardozo, Arce me dijo que el marido esta vivo y que esta en Caseros”, rememoró Pérez Sosa.

No vio y no escuchó


También declaró este lunes Guillermo Repetto, un ingeniero que trabajó en Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu entre los años 1976 y 1978.

Repetto afirmó no haber visto ni escuchado nada, indicó que recibía órdenes del subdirector de la fabrica, el Teniente Coronel Galluino, y recordó que por esos años se “realizo la construcción de una pared para la independización de un sector de la fábrica, que eran las antiguas caballerizas”.

“A la fabrica se ingresaba normalmente por Ovidio Lagos”, describió el ingeniero al tribunal, e ilustró con un croquis en una pizarra las partes de la fábrica, el lugar que se independizo y
una puerta que “se abrió en el camino lindero para ingresar por allí”. Repetto afirmó que “para la fábrica era como si eso no existiera, porque no había intervención entre el personal de la fábrica y los eventuales ocupantes de ese sector” y agregó que “en el momento en que se realizó esa construcción estaba de licencia”.

La hija de Juan

El último testimonio de la jornada lo ofreció Viviana Rivero, hija del sobreviviente de Fábrica Militar, Juan Rivero.

Viviana confirmó los dichos que su hermano Ariel relatara al tribunal el pasado miércoles, repasó los miedos y sensaciones de niña que la embargaron mientras el grupo de tareas que invadió su casa esperaba la llegada de su padre para secuestrarlo y revivió el sufrimiento familiar que significaron los años que anduvieron de cárcel en cárcel siguiendo los traslados de su padre detenido, una vez que fue legalizado: “primero en el Batallón 121, luego en Coronda, después Caseros y finalmente en Rawson”.



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